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Convocatoria de IncUBAgro 2019

La convocatoria tiene por objetivo detectar innovaciones de base tecnológica, de carácter social cooperativo, y emprendedores en el ámbito de la FAUBA. Pueden participar en esta convocatoria toda persona o equipo de emprendedores: alumnos, graduados, docentes de la UBA que posean y quieran desarrollar una idea innovadora. Los proyectos serán evaluados por un equipo interdisciplinario. Los rubros elegibles son: Innovación y desarrollo tecnológico para el sector agropecuario o agroindustrial; soluciones a problemáticas ambientales y agroalimenrias.

La convocatoria está abierta desde el 2 al 19 de Septiembre de 2019.

Para participar descargá el formulario adjunto correspondiente al tipo de proyecto que deseas presentar


Curso "DESARROLLO EMPRENDEDOR"

Curso "Desarrollo Emprendedor".
El mismo tiene como objetivo identificar, promover y desarrollar las competencias emprendedoras de los estudiantes propendiendo a una actitud orientada a la innovación y producir un proyecto de emprendimiento plausible de implementación que satisfaga necesidades reales del medio local.
 Inicio 2 de septiembre de 2019.

Consultas a incubagro@agro.uba.ar


Universidades: actores clave del ecosistema emprendedor (Por Patricio Gigli* y Ruben Cesar)


Patricio Gigli es Director Nacional de Asistencia a Emprendedores y Pymes de la Secretaría de Emprendedores y PyMEs del Ministerio de  Producción y Trabajo.

 Hace poco más de 15 años, en junio de 2003 para ser más precisos, en una nota periodística Hugo Kantis utilizaba el concepto de “núcleos pioneros”   para referirse a los equipos de trabajo que, de manera embrionaria y despareja, representaban las iniciativas de apoyo a emprendedores en las   universidades argentinas. Se refería a estos equipos como “verdaderos emprendedores institucionales” que, en un terreno todavía complejo y   escarpado, llevaban adelante las pocas iniciativas de apoyo al desarrollo emprendedor en las Universidades.

 Hoy el panorama es muy distinto. Aquellos núcleos pioneros se multiplicaron y hoy casi la totalidad de las universidades, públicas y privadas, tiene   alguna iniciativa de apoyo a emprendedores y el menú de posibilidades va desde cursos y materias de grado hasta fondos de aceleración, pasando por   incubadoras, Clubes de Emprendedores, formación de posgrado, Clubes de inversores, entre otras.

 La universidad pasó de circunscribirse al lugar de ser proveedora del conocimiento técnico a ser un verdadero jugador en los ecosistemas locales de   promoción del emprendimiento, brindando asistencia técnica, acceso al financiamiento, mentorías, formación para emprendedores y agentes del   ecosistema y un lugar de encuentro tanto para los emprendedores como para otros agentes del ecosistema.

 Históricamente la universidad tiene una serie de características que la ubican en un lugar de privilegio para la promoción del desarrollo emprendedor:

  • En primer lugar, es referente del conocimiento técnico. La universidad representa rigurosidad metodológica y es el espacio por excelencia para la producción científico tecnológica. Un estudio del PRODEM UNGS indica que los emprendimientos dinámicos (es decir, aquellos que logran crecimiento acelerado) son generados por personas con formación universitaria de grado o posgrado.
     
  •  En segundo lugar, según datos del Ministerio de Educación para 2017, las mujeres representan un 57% de las estudiantes de grado y un 61% de las egresadas. Esto representa una importante oportunidad para las universidades de promover condiciones de género más equitativas para el desarrollo de nuevas empresas.
     
  •  Por último, goza de un prestigio social que la ubica como incuestionable espacio de validación de prácticas y acciones.

    A partir de esto, las universidades se encuentran en pleno proceso de construcción de su rol en el ecosistema al mismo tiempo que son activos agentes de desarrollo.

    Los clásicos.

    Dentro de la oferta clásica de las universidades se encuentran los espacios de formación. Aunque clásicos, estos espacios se han ido modernizando y adaptando, por un lado, a las exigencias del mundo de los negocios y, por el otro, al avance del conocimiento de la temática emprendedora.

    Las primeras cátedras y cursos de formación para emprender aparecieron en Argentina en la segunda mitad de los ´90 y estaban fundamentalmente concentrados en aspectos técnicos del plan de negocios, a tono con la tendencia en el mundo. En concreto, se entendía que un buen plan de empresa constituía la herramienta fundamental para organizar la creación del emprendimiento y comunicar las principales necesidades de los emprendedores. Con el tiempo y, fundamentalmente, a partir de la enorme cantidad de experiencias fallidas en el intento de crear nuevas empresas, se fue abandonando el énfasis en el plan de negocios y dos aspectos hoy son los mayormente abordados en la formación para emprender: el modelo de negocios y las competencias emprendedoras (entendidas estas últimas como la combinación de conocimientos, habilidades y actitudes que permiten a una persona un desempeño emprendedor efectivo). La mayor parte de la formación para emprender hoy se centra en estos dos aspectos, en un marco donde se reconoce que la persona emprendedora y el modelo de negocios son los principales factores explicativos del éxito de un nuevo emprendimiento.

    También en la segunda mitad de los ´90 nacía la primer incubadora de empresas universitaria. En 1997 la Universidad Nacional de Luján creaba este espacio de apoyo al desarrollo de nuevos negocios cuando el concepto “emprendedor” todavía no estaba tan claro. Desde ahí y hasta el momento hay más de 30 universidades con incubadoras de empresa que crearon 47 incubadoras en dichas instituciones, lo que permite a emprendedores y estudiantes con vocación emprendedora acceder a formación técnica, formación para emprender, laboratorios, vínculos con el mundo productivo y de negocios, además de acceder a ferias, exposiciones y todo tipo de espacios que permitan al emprendimiento posicionarse.

    A medida que se diversificaba la oferta dentro de una misma institución, en varias universidades se fueron creando centros de apoyo a emprendedores que abordan todas (o casi todas) las etapas de creación de un emprendimiento, desde la motivación hasta la gestión de la empresa naciente. Solo por nombrar algunos, los centros de emprendedores de la Universidad Nacional del Litoral, o de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires se destacan entre las iniciativas de universidades públicas. En las privadas, los centros del IAE de la Universidad Austral, el de la Universidad de San Andrés y el del ITBA también destacan, en un universo muy amplio, diverso y en constante crecimiento.

    En la actualidad, la enorme mayoría de los estudiantes universitarios en Argentina puede encontrar en su universidad alguna instancia que estimule su vocación emprendedora y de apoyo técnico al desarrollo de su emprendimiento.

    Propuestas novedosas.

    El camino transitado por las universidades y los aprendizajes logrados permiten que hoy puedan diversificar su oferta de apoyo a emprendedores e incorporar otras estrategias además de la incubación y la capacitación.

    Un ejemplo de ello lo constituyen los Clubes de Emprendedores. En este momento hay cuatro Clubes de Emprendedores ubicados en universidades nacionales: el de la Universidad Nacional Arturo Jaureche, el de la Universidad Nacional de Quilmes, la Nacional de Entre Ríos y la Facultad Regional General Pacheco de la UTN.

    Los Clubes de Emprendedores son una nueva figura en el ecosistema y se proponen como espacio de encuentro entre emprendedores, entre estos y las instituciones que componen el ecosistema, y de instituciones entre sí. Es decir, por el Club de Emprendedores pasa todo el ecosistema de apoyo al desarrollo emprendedor.

    Esto representa una inmejorable oportunidad para que la comunidad universitaria tome contacto con este ecosistema y puedan generarse interacciones y sinergias que, de otra forma, no hubieran sucedido. Organizaciones y emprendedores se vinculan, comparten problemáticas, articulan y exponen el futuro del desarrollo productivo local dentro mismo de la universidad. Esta posibilidad de integración del contexto en la dinámica universitaria ha demostrado ser muy sinérgica y prolífica en la generación de acciones.

    Todo esto es insumo e inspiración para que las universidades puedan desarrollar sus clásicas actividades de investigación, docencia y vinculación integrando el contexto del desarrollo emprendedor. Estudiantes y docentes están en contacto con empresarios, policy makers, directivos institucionales en un ida y vuelta de aprendizaje mutuo.

    Otro ejemplo de novedad en la diversidad de acciones que desarrollan las universidades para la promoción del desarrollo emprendedor es el fondo de aceleración Aceleradora Litoral integrado por la sociedad que componen la Universidad Nacional del Litoral, el Parque Tecnológico Litoral Centro (donde la UNL es socia junto con el Gobierno de la Provincia y empresas privadas), la Unión Industrial de Santa Fe y la Bolsa de Comercio de Santa Fe. Aprovechando las posibilidades que ofrece la Ley de Apoyo al Capital Emprendedor (Ley 27349), la universidad junto a las instituciones mencionadas crea un fondo de inversión para la aceleración de emprendimientos de base científico tecnológica con alto potencial de crecimiento y de escala global. Buscan realizar inversiones de entre U$S 50 y U$S 800 mil para inversión inicial y hasta U$S 1,5 millones para inversiones de seguimiento, en una estrategia de co inversión con el Estado Nacional.

    Si bien es el primer caso en el país, esta iniciativa puede estar marcando un rumbo y, sin dudas, permite dimensionar las posibilidades de la universidad en el universo de la promoción del desarrollo emprendedor. La constitución de este fondo, y la ubicación central de la universidad en esta empresa, implica un funcionamiento articulado e integrado con otros agentes del ecosistema y pone a la universidad a jugar en una liga que, para el caso argentino, es novedosa.

     Algunos pendientes.

    Desde aquellos núcleos pioneros movilizados por la pasión y casi sin estructura interna hasta los clubes de emprendedores y los fondos de aceleración, las universidades fueron conquistando un mayor y mejor lugar en el ecosistema emprendedor. En alguna medida, ocupando un lugar que le era demandado y, en gran medida, asumiendo el riesgo de avanzar hacia espacios novedosos para la institución. Hoy nadie puede discutir los importantes aportes que la universidad realiza a los ecosistemas.

    Sin embargo, cabe mencionar algunos pendientes en un campo en el que siempre se puede mejorar:


    Integración académica: Todavía la temática del desarrollo emprendedor como campo del conocimiento no logra la misma inserción que otros campos del conocimiento afines o comparables. En muy pocas universidades hay equipos de investigación dedicados a la temática y son muy pocas las tesis que trabajan este tema central para el desarrollo productivo. La generación de conocimiento científico en este campo permitiría despejar una buena parte del “humo” que hoy se disfraza de conocimiento validado y se transfiere como tal en muchos espacios de apoyo a emprendedores.

     Spin-offs universitarios: Este es un campo complejo y de difícil abordaje, pero hoy las universidades en Argentina cuentan con equipos de investigación que producen desarrollos con alto potencial de mercado o que resuelven problemáticas sociales. Es casi nula la experiencia de transformar estas iniciativas en empresas y la idea, todavía, genera mucha resistencia en estas instituciones.

    Fortalecimiento del capital humano institucional: Desde muchos lugares de producción de políticas para el desarrollo emprendedor se trabaja con estrategias mucho más cercanas a la intuición que al conocimiento validado. La universidad tiene el mejor lugar para formar ese capital humano que desde las instituciones del ecosistema promueva el desarrollo emprendedor con estrategias rigurosas sin perder la capacidad creativa. La formación de agentes del desarrollo emprendedor, incluso la profesionalización de esta práctica, es algo que la universidad puede resolver y redundaría en una mejora en las condiciones para el desarrollo de nuevas empresas.

    Como se dijo, la universidad está recorriendo un camino virtuoso y ganando un imprescindible lugar como actor en el ecosistema emprendedor. Esto, más que una tendencia, se instala como un patrón que refuerza y redefine el histórico vínculo entre universidad y desarrollo, posicionándola en un mejor lugar, más dinámico y creativo, sin perder sus clásicos valores y prestigio

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