El Altillo

Marco histórico

Entre la utopía y la urgencia: las juventudes en los años 60 y 70 

Durante las décadas del 60 y 70 en buena parte de la sociedad argentina se instaló un clima de agitación marcado por la voluntad de cambiar un orden social, político y económico que se sentía opresivo.

El golpe de Estado de 1955 había excluido a las mayorías populares de participar en la vida democrática del país. A partir de entonces, las dictaduras se alternaron con gobiernos surgidos de elecciones donde el peronismo, partido mayoritario, estaba proscripto y su líder en el exilio.

En 1966, el gobierno de facto encabezado por Juan Carlos Onganía prohibió a todos los partidos políticos e intervino las universidades públicas acusandolos de ser “focos de infiltración marxista”. La violenta irrupción policial en las facultades de la Universidad de Buenos Aires, recordada como La noche de los bastones largos, derivó en la detención de cientos de personas y en la renuncia y exilio de docentes y equipos enteros de investigación.

La resistencia popular se generalizó y los movimientos opositores fueron sistemáticamente reprimidos. Se buscó silenciar toda voz contraria al régimen.
 

La demanda de un cambio radical no era solo local; sintonizaba con un clima global marcado por la Revolución Cubana, la resistencia en Vietnam, el Mayo Francés, la lucha del Che Guevara en Bolivia y el proyecto de Salvador Allende en Chile, quien intentaba hacer una revolución por el camino democrático de las urnas junto a una coalición de partidos políticos. 

Córdoba encendió la chispa. En mayo de 1969, obreros y estudiantes protagonizaron el Cordobazo, una insurrección popular que puso en jaque a la dictadura y multiplicó los levantamientos en Rosario y otras ciudades del país.

Una buena parte de la juventud argentina se inscribió en ese clima de efervescencia marcado por el rechazo del orden establecido, sintió la necesidad de ser partícipe de ese cambio y eligió su camino.

Que se venía un cambio no se dudaba y lo que se discutía era la forma de hacerlo: algunos decían que había que hacerlo por la vía electoral como en Chile, otros con la gente en la calle como en el Cordobazo, otros con las armas en la mano como lo hizo el Che.

La Universidad de Buenos Aires durante la “primavera” camporista

Fotografía incluida en la exposición “Juventud y Liberación. la primavera camporista en fotografías de la Editorial Abril” CCK.

El 11 de marzo de 1973, después de dieciocho años de proscripción, el peronismo ganó las elecciones y selló el retorno de la democracia. La campaña había sido impulsada por una juventud masivamente movilizada bajo el lema “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Para la militancia, el regreso del líder no significaba sólo la restitución institucional, sino la oportunidad concreta de encarar un proyecto de liberación nacional y de construcción de una sociedad más justa y solidaria.

En este marco, la Universidad de Buenos Aires inició la experiencia de la Universidad Nacional y Popular. Impulsada por sectores de la izquierda peronista y la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la iniciativa buscó poner la ciencia, la docencia y la investigación al servicio de las necesidades sociales y productivas del país.

Para democratizar el acceso, se eliminaron los exámenes de ingreso, los aranceles y los cupos, favoreciendo la llegada masiva de trabajadores y sectores populares a las facultades.

Se promovió el vínculo de la universidad con las problemáticas reales de la población y así fue que estudiantes y docentes salieron de las aulas para trabajar en el territorio: en barrios populares, fábricas y comunidades campesinas. 

Además, se rescindieron convenios con fundaciones y corporaciones extranjeras, y se prohibió que directivos o asesores de empresas multinacionales ejercieran la docencia.

La reconstrucción universitaria. 30 de mayo - 12 de octubre de 1973. Informe de una etapa, en marcha hacia la Liberación Nacional. Editado por la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (UNPBA). Buenos Aires: UNPBA, 1973. Fuente: Centro de Documentación e Investigación acerca del Peronismo (CEDINPE), Universidad Nacional de San Martín.

La FAUBA: nuevos referentes para un proyecto popular

En enero de 1973, la Facultad de Agronomía inició su etapa autónoma al separarse de Ciencias Veterinarias. En mayo fue designado como delegado interventor el economista Horacio Pericoli, secundado por el Lic. Horacio Bauer, del Consejo Tecnológico del Movimiento Nacional Justicialista, mientras que la dirección del “Campo San Pedro” quedó bajo la responsabilidad del histórico militante peronista Jorge Rulli. 

En este escenario de cambio, los estudiantes agrupados en la JUP establecieron su espacio de reunión y debate en uno de los laterales del salón de actos del pabellón central. El “Altillo” funcionaba como depósito, donde guardaban carteles, banderas y otros elementos de difusión de la agrupación.

La transformación inconclusa

En septiembre de 1974, tras la muerte de Perón y en el marco de una creciente conflictividad política, el gobierno de María Estela Martínez de Perón designó como ministro de Cultura y Educación a Oscar Ivanissevich. En la Universidad de Buenos Aires asumió como rector interventor Alberto Ottalagano, mientras que el decanato de la Facultad de Agronomía quedó a cargo de Alberto Oscar Pérez.

A nivel nacional, empezó a actuar la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), una organización parapolicial de ultraderecha que asesinó a políticos, estudiantes, artistas, intelectuales y sindicalistas del progresismo y difundió listas negras con sus futuros objetivos. En el ámbito universitario, este proceso se tradujo en cesantías masivas, renuncias forzadas y la restitución de los cupos de ingreso, reduciendo las vacantes en Agronomía a solo 1500 para 1975.

Se estaba clausurando una experiencia. Frente a la escalada de violencia y persecución, la militancia estudiantil se vio obligada a abandonar la facultad, pero antes de hacerlo plasmaron en las paredes del Altillo un mensaje de resistencia y su determinación de regresar. Tiempo después, la Triple A localizó las pintadas y las cubrió con cal.

Cuarenta años en la penumbra

Tras el desalojo, el lugar permaneció cerrado y a oscuras durante casi cuatro décadas, y se utilizó como depósito del salón de actos.

Una noche de 2015, un grupo de estudiantes subieron al sitio y, al encender las linternas de sus celulares en la penumbra, descubrieron las capas superpuestas de pintura y consignas que habían sobrevivido a la censura.

El Altillo como patrimonio colectivo

En marzo de 2017, mediante la Resolución (CD) N.º 4128, el Consejo Directivo de la Facultad de Agronomía declaró a El Altillo como un espacio de interés institucional y parte fundamental del patrimonio cultural universitario. 
Poco después, el 12 de abril de 2017, el Consejo Superior de la UBA ratificó este compromiso al declararlo oficialmente Espacio de Memoria de la universidad, disponiendo las medidas necesarias para su preservación, estudio y visibilización comunitaria.
Desde 2026 se incorporó como museo a la Red de Museos de la UBA.

Mantener la memoria despierta

Las paredes escritas de El Altillo son un testimonio material inalterable de los proyectos e ideales de la juventud estudiantil de los años 70, compartidos por una parte grande de la sociedad. 

Y de que, a los intentos autoritarios de suprimir la disidencia y de tapar la historia, se les puede hacer frente con la memoria colectiva.